Seis bases para la construcción de resiliencia comunitaria. (Primera parte)

Iniciamos aquí una serie de artículos, basados en el documento original “Six Foundations for Building Community Resilience” de Post Carbon Institute, traduciendo, resumiendo y adaptando el contenido a nuestra realidad. Hemos visto los últimos años como los gobiernos, en un esfuerzo por crear resiliencia comunitaria para adaptarse a los cambios, empiezan a crear programas para enfrentar los disturbios ocasionados por el cambio climático.

En Uruguay se ha creado el Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático con el objetivo de coordinar y planificar las acciones públicas y privadas necesarias para la prevención de los riesgos, la mitigación y la adaptación al cambio climático. Vemos como esos esfuerzos a menudo se centran en el desarrollo de la capacidad de recuperación de alteraciones o trastornos, como los causados por el cambio climático. Pero el cambio climático no es la única crisis que enfrentamos, ni prepararse para estas alteraciones es la única manera de aumentar la resiliencia. Una comunidad verdaderamente robusta debería hacer más. Se debe involucrar y beneficiar a todos los miembros de la comunidad, y considerar todos los desafíos que enfrenta la comunidad, desde el nivel del mar hasta la falta de puestos de trabajo con salarios dignos. Y debe basarse en la ciencia de la resiliencia, la que nos dice que los sistemas complejos, como las comunidades humanas, pueden adaptarse y persistir a través de las circunstancias cambiantes.

Esta serie de artículos describen cómo las comunidades pueden abordar el completo alcance de los desafíos que caracterizan el siglo 21 de forma equitativa y sostenible.

¿Cuál es el problema que estamos intentando resolver?

Comunidad trabajandoLa globalización es el factor dominante de nuestro mundo moderno. Si el objetivo de la resiliencia comunitaria es, como mínimo, salvaguardar la salud y el bienestar de las personas frente a los complejos desafíos del siglo 21, estos desafíos deben ser entendidos en un contexto global. Organizaremos estos desafíos como un conjunto de cuatro crisis distintas pero entrelazadas (E4): ecológica, energética, económica y de equidad. Incrementar la resiliencia comunitaria debe tener como objetivo alejar la comunidad de las peores consecuencias de estas inevitables crisis, y lo ideal sería cambiar la comunidad para mejor.

¿Qué es la resiliencia, en realidad?

La resiliencia es la capacidad de un sistema (como una comunidad humana) para absorber las perturbaciones y todavía mantener sus funciones y estructuras básicas. Fomentar la resiliencia significa guiar intencionalmente los procesos de adaptación del sistema en un intento de preservar algunas cualidades y permitir que otras desaparezcan, a la vez conservando la esencia o “identidad” del sistema. En una comunidad humana, la identidad es determinada esencialmente por lo que la gente valora acerca de donde vive. Al mismo tiempo, lo que una comunidad de personas valora está abierto a interpretación y sujeto a desacuerdo. Esto sugiere que las personas y las formas en que toman sus decisiones están necesariamente en el centro de la construcción de la resiliencia comunitaria.

¿Por qué las comunidades?

Huerta ComunitariaMás allá de todo lo reprochable si hay algo que admirar de Estados Unidos es la fortaleza de sus comunidades. Prácticamente todos los norteamericanos adultos pertenecen a algún club, y la mayoría de ellos participan en algún esfuerzo en conjunto para hacer el bien. Esa hueste prodigiosa de ciudadanos voluntarios, que quitan tiempo de sus horas libres para trabajar más o menos desinteresadamente en pro del mejoramiento de la comunidad, es única en el mundo. Esos intereses pueden residir en La Cruz Roja, asociaciones de padres y maestros, niños exploradores, sociedades comunales de beneficencia, clubes de servicio a la comunidad, o de jardineros, o de teatro. Esos grupos pueden actuar en una multitud de campos distintos: religioso, político, cívico, educativo, comercial, patriótico, fraternal, recreativo, o meramente social.

En Uruguay tenemos mucho que aprender de este tipo de relacionamiento ciudadano. Aunque poco a poco surgen algunas iniciativas como los huertos comunitarios o las comunidades intencionales que han nacido en los últimos años. Cuando hablamos de una “comunidad”, nos referimos a algo mucho más que la infraestructura física de un asentamiento humano. Una comunidad es también la gente que habita en un lugar determinado, definido por sus relaciones interpersonales, patrones culturales, económicos y estructuras de gobierno, y los recuerdos y aspiraciones comunes. La comunidad es un grupo de personas perteneciente a un lugar que tiene alguna capacidad significativa para influir en sus necesidades básicas comunes dado su particular contexto social y político.

El argumento para construir resiliencia comunitaria y específicamente para hacerlo desde ese nivel comunitario es que para los miembros de una comunidad es al mismo tiempo ético y práctico estar en el corazón del trabajo de construcción de la resiliencia. Esto puede parecer obvio, pero no es necesariamente así, un gobierno fuertemente centralizado (como el caso de Uruguay) dirige los esfuerzos de consolidación de la capacidad de recuperación de miles de diferentes comunidades de forma remota, basándose en indicadores uniformes, gestores externos y recursos centralizados.Todos los miembros de una comunidad son parte interesada y los interesados necesitan no solo la oportunidad de participar en la construcción de esa resiliencia sino también de tener algo de responsabilidad por ello.

Décadas de investigación ponen de manifiesto lo importante que es para los interesados locales tener poder real en decisiones que les afectan. La presencia y conexiones a nivel local crean también oportunidades más fuertes para la retroalimentación del sistema, que es esencial para la adaptación y la innovación.

Pero la toma de decisiones locales no siempre conduce a resultados equitativos; de hecho, una de las debilidades de la descentralización es que el parroquialismo y el prejuicio local pueden prosperar si no se controlan. Esto sugiere dos requisitos para la construcción de resiliencia comunitaria:

  1. La responsabilidad de la construcción de resiliencia y el poder de decidir cómo se hará tiene que recaer en último término, en la propia comunidad.
  2. Ese proceso de construcción debe abordar de manera equitativa tanto la situación particular de la comunidad como los retos más amplios que enfrenta la sociedad.

Estos requisitos, en tensión dinámica entre sí ya que exigen a los miembros que actúen más allá de su propio interés, son el punto de partida para las seis bases para la construcción de la resiliencia comunitaria que describiremos ahora.

Las seis bases
Aunque hay disponibles muchos marcos y herramientas para el incremento de la resiliencia, no hay un único enfoque que funcione para todas las comunidades y sus variados contextos sociales y económicos. Aún así hemos identificado seis bases que, en nuestra opinión, son esenciales para la construcción de resiliencia comunitaria, más allá de dónde o cómo se llevan a cabo las actividades que fomentan esa construcción, o cuales son los desafíos de mayor preocupación para esa comunidad. Definimos la resiliencia comunitaria como la capacidad de una comunidad para mantener y hacer evolucionar su identidad frente a cambios a largo y corto plazo mientras cultiva la sostenibilidad social, económica y medioambiental.

Las seis bases tienen por objeto proporcionar un recurso teórico para defensores, activistas, y líderes locales que trabajan para hacer que sus comunidades sean más resilientes, en muchos casos con esfuerzos prácticos que ya están en marcha, pero que deben ser replicados, fortalecidos y apoyados. Se derivan de los marcos y principios ya existentes de resiliencia, entrevistas con defensores y activistas que trabajan en temas relacionados con la resiliencia y en el propio trabajo de Post Carbon Institute.

Estas bases respaldan la construcción de resiliencia comunitaria como un proceso continuo, más que como una meta fija. Mientras que una iniciativa individual no podría ser capaz de construirse sobre todas estas bases, en nuestra opinión los esfuerzos de construir resiliencia comunitaria deberían incluir a todas ellas con el fin de ser eficaces. Las seis bases de la construcción de la resiliencia comunitaria son:

  1. Las personas
  2. Pensamiento sistémico
  3. Adaptabilidad
  4. Transformabilidad
  5. Sostenibilidad
  6. Coraje

En los próximos artículos iremos desarrollando cada una de estas bases.

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